Premio Universitario Concila_ Los jovenes hablan

Hace justo un año decidí desarrollar un proyecto que ayudara a instaurar una nueva forma de ver el trabajo tomando como punto de partida mi experiencia personal. Buscaba un nuevo modelo que permitiera “trabajar para vivir” y no “vivir para trabajar”. Una nueva forma de organizar las empresas, de tal manera que sea posible promocionar a nivel laboral sin para ello haber tenido que renunciar a nuestra familia o vida privada.

Había realizado prácticas en el sector bancario y quería trabajar en él, por ello centré el proyecto en este ámbito, ya que podía hablar con mayor conocimiento y plantear propuestas tras haber escuchado a los compañeros.

Con este proyecto pretendía demostrar tanto la necesidad como los resultados positivos de la implantación de políticas de conciliación en la banca española. La idea era crear un plan que afrontara de forma realista los desafíos actuales tanto para la empresa como para el trabajador y que permitiera el desarrollo profesional en igualdad de oportunidades de todas las personas a la vez que un equilibrio entre vida personal, familiar y laboral.

La atención y cuidado de los familiares del empleado ante los imprevistos que se presentan en el día a día (niños enfermos, padres que son intervenidos quirúrgicamente,…etc., incluso en lugares geográficos distintos a donde está el empleado) se está convirtiendo en un tema estratégico a tener en cuenta. Dada la necesidad existente actualmente en las familias, la sensibilidad social que este aspecto está provocando en la sociedad y la obligación legal generada por la Ley de Igualdad, se hace cada vez más urgente desarrollar programas de conciliación efectivos que permitan la plena integración laboral de las mujeres en el mercado laboral.

Viejos paradigmas como la cultura del trabajo presencial y las largas jornadas laborales, según los cuales la productividad suele asociarse al tiempo que un empleado o empleada pasa en el lugar de trabajo, obstaculizan la consecución del equilibrio entre vida y trabajo que permita a las personas trabajadoras alcanzar un estadio de bienestar personal y laboral. La nueva empresa que proponíamos iba dejando atrás el tiempo y la presencia física como criterios de evaluación y remuneración para dejar paso a horarios flexibles y evaluación basada en objetivos

Hoy, un año después y tras haber conseguido el puesto que buscaba en una entidad española, estoy aún más concienciada si cabe de la importancia de iniciativas como el Premio Concilia. No sólo lucha por cambiar patrones anclados en nuestra sociedad y que nos perjudican a todos, sino que es una carta de presentación para aquellas personas y entidades que lo apoyamos. Considero fundamental que se produzca un mayor empuje de determinadas medidas de sensibilización como este concurso, para lo que considero clave el apoyo gubernamental.

El reto está ahora en seguir mejorando e innovando dentro de un marco de consenso social que permita la implantación de nuevas medidas acordes con las necesidades de las personas. El reto está en conseguir que, a pesar de lo que lo valoro hoy y todos los beneficios que me ha aportado, el “Premio Concilia” tienda a desaparecer. La meta sería que, gracias a estudios y trabajos como los que se desarrollan cada año, concursos como éste dejen de tener sentido, que surja una generación más concienciada de las necesidades expuestas, y que por tanto, la conciliación sea un hecho y no una aspiración.

 

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