LA PRETENDIDA REGULACIÓN DE LA PROSTITUCIÓN: UNA NUEVA MANIPULACIÓN POLÍTICA.

LA PRETENDIDA REGULACIÓN DE LA PROSTITUCIÓN: UNA NUEVA MANIPULACIÓN POLÍTICA.

A propósito de las escandalosas imágenes aparecidas en los medios en las que se observan clientes y prostitutas realizando el sexo en la vía pública, salta de nuevo la polémica de un tema viejo al que nadie parece querer hincar el diente. Es necesario sin embargo desenmascarar algunos argumentos que se nos ofrecen, aunque sin  pretension, por supuesto, de agotar un  tema que tiene muchos e importantísimos matices.

En última y primera instancia lo que aquí está en juego es la dignidad de la mujer. Dignidad que, una vez más, pretende eludirse, manipulándonos bajo el manto de nuestros derechos. Hay que estar constantemente alerta a ciertos razonamientos que, de nuevo volverán a esconder la desigualdad, la utilización y, en definitiva, nuestra misma libertad.

Son erróneos los razonamientos que recientemente se están dando por algún sector que parece ciertamente interesado en la regulación de la prostitución, del tipo: “es hipócrita no regular este tema porque ha existido siempre” Por la misma vía podríamos afirmar ¿ y por qué es hipócrita no regular algo que es contrario a la dignidad de la mujer? ¿no es más hipócrita regular la actividad de la prostitución en lugar de fomentar otras conductas? ¿Acaso no es esto connivencia y aun  provecho propio de una  situación en sí misma indigna?

Otro falso argumento: “si el fenómeno existe, hay que regularlo”: Cuándo se prohibió la esclavitud ¿no podría en base a este mismo argumento haberse regulado, permitiéndola, porque existía? ¿Acaso no se prohibió porque era contraria a la dignidad humana? ¿Acaso no fue esto, su prohibición, lo que se reguló? ¿No es la prostitución, aunque exista y desgraciadamente sea para algunos un modo de vida, una forma de esclavitud? La regulación por la regulación no es nada en sí porque si la regulación es para permitir  la prostitución será, sin más, indigna y si es para prohibirla y no para fomentar otras vías o caminos que las hagan más felices, no servirá sino para empeorar la situación de estas mujeres  que necesitan ser ayudadas, lo sepan o no.

El argumento de que “la única manera de que las prostitutas no sean utilizadas y sean libres, es que se regule la prostitución”, es erróneo también. Si no se regula, como sucede en la actualidad, pero no se hace nada para fomentar otras conductas; si se elude y se mira para otro lado, es evidente que dejamos a las mujeres prostitutas en la más absoluta indefensión, en manos de proxenetas y redes de prostitución. Si lo regulamos y permitimos, además de que las utilicen proxenetas y redes, será la propia sociedad, con la coartada de la ley y de la Administración, la que aceptará que esa situación se produzca y todo empeorará.

Me van a perdonar, pero la prostitución no es, nunca ha sido, ni será una profesión, porque una profesión, para ser tal, ha de ser digna y contribuir a la dignidad de quien la ejerce. Tampoco lo era en su tiempo ni aun ahora, la esclavitud pura y dura. Si pagar hace de una actividad una profesión, pensemos en todas las actividades ilegales que podríamos legalizar precisamente por haber dinero de por medio o por existir. Lo que es contrario a la dignidad, lo será siempre y en cualquier momento y lugar.

La prostitución es una forma de malvivir en un mundo y en una sociedad cada vez más deshumanizada en la que se percibe que cualquier conducta sexual debe poder fomentarse por el hecho de ser aparentemente libre o existir, aunque suponga la degradación más absoluta de otro ser humano y aun de uno mismo. Como no nos atrevemos a trabajar en la raiz del problema, pretendemos dar carta de naturaleza a una situación degenerada, regulando su existencia, considerando que ello mejorará las condiciones de la mujer. Con ello se tranquilizarán algunas conciencias.

¿Es acaso libre la mujer que es traida a nuestro país engañada para luego ser vendida poco a poco hasta la misma muerte? ¿Es libre de decidir la mujer que no tiene de qué comer o qué llevar a su casa para cuidar de sus hijos? ¿Acaso las menores? ¿Es libre la mujer a la que hormonan para retrasarle la regla y así poder ser más rentable durante más días al mes? ¿Es acaso libre la mujer que tiene que drogarse para aguantar la jornada de sexo? ¿Aquella que tiene que pagar al proxeneta para que no la maltraten o no la maten él u otros?

Estamos de nuevo en la cuestión de la defensa del débil frente al fuerte, como la del concebido frente a su madre o como la del pobre frente al rico. Tristemente son ya multitud de mujeres las que han hecho de esta indignidad su medio de vida porque no alcanzan a ver otra solución por pagar las deudas adquiridas para venir a este paraíso que es Occidente, donde todo puede comprarse y venderse. Somos tan avanzados que ahora queremos regular lo que está torcido de raíz: que un ser humano, normalmente casado, libremente demande y pague, ser complacido sexualmente por otro ser humano que libremente se oferta y decide venderse mediante el cobro de la cantidad pactada y, eso sí, en condiciones higiénicas.

¡Por Dios! Sí, ¡Por Dios! Propongo que se empiece a trabajar en otra dirección: controlando y persiguiendo contundentemente las redes de prostitución que se enriquecen con estas mujeres más desfavorecidas, como demuestra el hecho de la enorme proliferación de prostíbulos y clubs de carretera y no carretera en los que se junta todo lo bueno y granado de la naturaleza humana: la droga, la degradación, la violencia; persiguiendo la complicidad de policías, inspectores, políticos y cuantas personas se aprovechan de la debilidad de este colectivo; proporcionando a estas mujeres otras formas de ganarse la vida, ayudándolas a ser realmente libres e iguales, formándose en una profesión y no en la indignidad; educando, especialmente a los varones en lo que supone de indignidad el comprar sexo; en lo que supone de utilización del ser humano ajeno utilizar a otros que están ofreciendo su cuerpo en condiciones de desigualdad y esclavitud.

La labor de las Administraciones Públicas en esta materia, como en otras muchas, debería ser subsidiaria de la de los particulares y, en todo caso, habría de basarse en el fomento de las condiciones que permitieran que esta actividad se redujera al mínimo, no en el fomento que, mediante la regulación, daría carta de naturaleza a la desigual situación de los compradores y vendedores de sexo. Un ser humano bien educado debería saber que, aunque se lo ofrecieran, no debería utilizar los servicios de otro que vende su cuerpo porque no tiene más remedio para malvivir porque ello parte de un desequilibrio de condiciones que es aprovechado e indigno. Si no somos capaces de fomentar y promover esta verdad, cometeremos una nueva equivocación: la de regular la prostitución con el señuelo de la libertad.

Estamos sin duda ante una manipulación más del concepto de libertad y de igualdad; manipulaciones que con las mujeres se ensañan: la mujer prostituta no va a ser más libre o igual por el hecho de cotizar a la Seguridad Social, vendiendo su cuerpo. Todo lo contrario, la Administración le estará poniendo la alfombra de la permisividad para que, de por vida, se hunda en la farsa y la hipocresía de una ley que daría cobertura a su penosa vida y eso sí, manga ancha para todos los que quieran vivir a su costa y/o utilizar sus servicios.  

Carmen Fernández

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One Response to LA PRETENDIDA REGULACIÓN DE LA PROSTITUCIÓN: UNA NUEVA MANIPULACIÓN POLÍTICA.

  1. Pablo Rizo says:

    Aplaudo de principio a fin este artículo. Da gusto leer y cargarse de argumentos y con tanta claridad lo que muchas veces no sabemos argumentar en tertulias y discusione de máquina de café. De verdad, enhorabuena por este perfecto y clarificador resumen del problema.
    Tan sólo quiero apuntar algo que creo está ayudando a estas redes de prostitución que están destrozando nuestra sociedad, y es la cobertura que desgraciadamente están dando todos los diarios sin excepción con la sección de “contactos”, esos mismos diarios que luego se rasgan las vestiduras ante casos de pedofilia y de asesinatos llamados sexistas, están dando cobertura de manera directa o indirecta con la pornografía que recogen en sus páginas de anuncios por palabras. Hace falta una denuncia desde ámbitos como esta plataforma para ir cortando la impunidad de estos negocios.
    De nuevo, enhorabuena.

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